domingo 17 de septiembre de 2006

La Nación: Buenos Aires también quiere salir del armario

Ellen de Generes hizo público su amor por Anne Heche y fueron de la mano a una recepción del presidente Clinton
Chuecatown es una película en rodaje que me disparó la asociación de ideas con lo que puede ocurrir en San Telmo Hollywood, un barrio que compite en onda y diversión con Palermo Viejo. En la ficción española, un rematador, delirado por los altos precios y la falta de ofertas, decide asesinar a dos ancianas para sacarles el piso y venderlo a una pareja homosexual londinense.
No quiero dar ideas, pero acaba de transferirse a extranjeros una propiedad de planta baja y primer piso con balcones, ante una oferta que "no podía rechazarse", para construir un lugar de alto nivel gay, con restó, café y lounge . En el casco histórico, a billetera abierta se están extendiendo ofrecimientos similares. Están izadas las banderas del arco iris. Es un auge en rosa próspero luego de años de abandono.
Algo así pasaba en Madrid en torno de la plaza de Federico Chueca (1841-1908), autor de la zarzuela de La Gran Vía, una revista cómico, lírica, fantástica, callejera, con los típicos personajes castizos a ser desplazados por la avenida modernizante. Uno de ellos era Menegilda, convertida en sinónimo de muchacha de servicio. Parienta de la Catita de Niní Marshall, que se crió en la calle Defensa, justo donde está el Museo de la Ciudad.
Chueca, lo mismo que nuestro sur, estaba deprimido hasta que se produjo el destape de Madrid en los años 80, con la Movida, y mucho más en los años 90, cuando la comunidad gay y lesbiana lo eligió para vivir. Pero dejó de ser una curiosidad, un parque temático marginal, al estilo de Castro en San Francisco. Es el escenario de un renacimiento creativo con restós, cafés y tiendas que convocan las disco de Alaska y el clan de Pedro Almodóvar.
Hoy es un sitio turístico con vida nocturna toda la semana, con más mesas en la vereda que Plaza Mayor o Santa Ana, y negocios en la calle del Almirante o el Mercado de Fuencarral, donde no te permiten sacar fotos porque temen que les copies sus diseños de vanguardia. No fueron hechos aislados en los 90, sino que se multiplicaron desde entonces.
Las grandes ciudades se enorgullecen de sus vecindarios gay y asisten multitudes a sus fiestas de orgullo o el Love Parade. Desde las calles Oxford y la plaza Tamanara en Sydney a West Hollywood en Los Angeles, el Marais en París, Schöneberg en Berlín o Chelsea en Nueva York, que desplazó al Soho con sus 300 galerías de arte. Incluso los alcaldes de Berlín, Klaus Wowereit, o de París, Bertrand Delanoë, se declararon homosexuales sin perder votos.
La TV acentuó el proceso. Ellen de Generes en 1997 hizo público su amor por Anne Heche y fueron juntas, tomadas de la mano, a una recepción con el presidente Clinton. Luego ganó el Emmy por su serie y será la conductora en la entrega de los premios Oscar 2007.
Buenos Aires está considerada la nueva capital gay por su despliegue cultural comparable con Europa, oferta rica y variada de ocio, ambiente tolerante y precios imbatibles. Por eso la eligen la BBC de Londres, El Mundo de Madrid o el portal Terra, entre otros medios. Y el año próximo será sede del campeonato Mundial de fútbol gay, desplazando a Río de Janeiro.
Muchos y muchas salieron del armario, el outing como le dicen en inglés en la jerga de la época. Respaldan además un boom inmobiliario y recuerdan que también la Casa de Gobierno es rosada. Ya no está mal ser gay, tampoco ha pasado a ser obligatorio porque si de preferencias sexuales hablamos, valen todas, incluso las de mi abuela y su nieto. Por Horacio de Dios almadevalija@gmail.com